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jueves, 19 de diciembre de 2013

El sombrero

El sombrero

Decidió que el lugar más adecuado para guardar sus recuerdos era su sombrero. Era un sombrero de ala ancha, de tacto aterciopelado, encarnado y mustio. Siempre lo llevaba puesto.

Al final de sus días, en él había prendidas tres alianzas, una por cada esposa que tuvo; plegadas junto a ellas, doce fotografías que evocaban a cada hijo engendrado; en la parte superior dominaban un puñado de hojas arrugadas que custodiaban la rúbrica en grafito del escritor frustrado; tres cascabeles colgaban de los laterales, reliquias de una remota bayadera; enganchada a ellos, una corchea de plata; y en el centro, dos piedras, una negra y otra blanca, que le ayudaban a decidir su destino. Del lazo que envolvía el sombrero colgaban diecisiete crespones blancos y uno negro.

Escondida en su interior, encontraron el arma con la que había arrebatado la vida a los dueños de sus tesoros. El viejo pianista, afligido por la pérdida de su amigo, ofreció un concierto en su honor ajeno a la fortuna que el negro le había brindado.

lunes, 16 de diciembre de 2013

¿Leemos?

La literatura es vida. Rebosa vida, sueños, esperanzas..., anhelos. Todo aquello que somos capaces de sentir en nuestro corazón y que a veces no sabemos cómo etiquetar: todo eso tiene cabida en un libro y es ahí donde muchas veces lo encontramos.

Posee la extraña cualidad de transportarte a cualquier lugar, a cualquier época y de convertirte en uno de los personajes de cualquier historia que no es la tuya pero que se le parece mucho; aunque no haya entre ambas un sólo punto en común.

Crédito de la imagen

Sentir. Eso es lo que buscamos cuando nos sumergimos en un nuevo libro. Un libro que es una incógnita pero que requiere toda nuestra atención, aun cuando no somos conscientes de qué será lo que nos deparará su lectura. Poco importa nuestra vida cuando nos convertimos en otro, cuando es el libro quien nos guía, quien va marcando nuestros pasos, nuestro vuelo. Es la magia de la lectura, ésa que te atrapa y no te deja escapar. El disfrute de cada página, de cada nueva palabra, es lo que hace únicas cada una de esas historias que hacemos nuestras. Muy nuestras...

Es difícil definirla; pero consigue devolver el color a un mundo que, demasiado a menudo, vemos en blanco y negro. Hoy es el Día de la Lectura en Andalucía y es por ello que traigo aquí este cortometraje que ilustra a la perfección todo esto de lo que hablo, y con el que sus creadores, William Joyce y Brandon Oldenburg, consiguieron un Óscar en la categoría de mejor cortometraje de animación en 2012: The Fantastic Flying Books of Mr. Morris Lessmore.


miércoles, 11 de diciembre de 2013

Aprés un rêve

La banda sonora de "Siete puentes sobre el Sena" VI

Diciembre se ha hecho de rogar... Pero aquí estamos de nuevo para continuar con la banda sonora de Siete puentes sobre el Sena.

El tema estaba claro, Aprés un rêve; la versión, no tanto. Son muchas las que se han hecho de este tema de Gabriel Fauré; sin embargo, tras escuchar con atención varias sugerencias, me he quedado con la interpretación de Joshua Bell, y con la siguiente recomendación: has de dejarte poseer dulcemente por el ensueño de esta etérea música, melancólica y dulce como un atardecer otoñal en la brumosa campiña (1).


En esta ocasión, ya que la versión elegida prescinde de la voz, dejo el texto que acompaña a la melodía, de origen popular toscano y estilizado por Romain Bussine:

Crédito de la imagen
Après un rêve

Dans un sommeil que charmait ton image
Je rêvais le bonheur ardent mirage,
Tes yeux étaient plus doux, ta voix pure et sonore,
Tu rayonnais comme un ciel éclairé par l´aurore;

Tu m´appelais et je quittais la terre
Pour m´enfuir avec toi vers la lumière,
Les cieux pour nous entr´ouvraient leurs nues,
Splendeurs inconnues, lueurs divines entrevues,

Hélas! Hélas! triste réveil des songes
Je t´appelle, ô nuit, rends moi tes mensonges,
Reviens, reviens radieuse,
Reviens ô nuit mystérieuse






Después de un sueño 

Mientras dormía, atesorando tu imagen,
Soñé la dicha, un espejismo ardiente:
Tus ojos eran más dulces, tu voz pura y sonora,
Brillabas como un cielo en la claridad de la aurora.

Tú me llamabas y yo dejaba la tierra
Para escapar contigo hacia la luz;
Los cielos para nosotros entreabrieron sus nubes,
Esplendores desconocidos, divinos claroscuros…

¡Ay! ¡Ay! ¡Triste despertar de los sueños!
Te llamo, oh noche, devuélveme tus engaños,
¡Regresa, regresa radiante,
Regresa, oh noche misteriosa!



(1) Más sobre esta canción aquí.