martes, 26 de noviembre de 2013

El desayuno

El desayuno
Supo que ya no lo quería cuando le llevó el desayuno a la cama
 y prefirió comerse las tostadas.

Crédito de la imagen

Este micro podría ser el contrapunto a un poema de Luis Alberto de Cuenca, también titulado El desayuno, que desde la cotidianidad expresa sentimientos tantas veces enaltecidos y vividos por poetas y no poetas. Recomendable su lectura.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Primer aniversario del blog

¡Ya ha pasado un año! Aunque suene típico, parece que fue ayer cuando me inicié en esta aventura y hoy Microcosmos Literario celebra su primer aniversario desde aquella primera entrada...

Han pasado muchas cosas durante este año. En principio, el blog ni siquiera llevaba el nombre que hoy luce: por entonces era "Aprendiza de palabras" y, aunque no haya dejado de serlo (cada día creo que lo soy un poco más), pronto decidí recuperar el nombre de un blog en desuso que sólo tuvo algunos miembros en privado. Al fin y al cabo, sería eso: un pequeño, minúsculo, rincón de letras en ese todo inmenso que conforma la blogosfera. 

Comencé desenterrando viejos relatos de ese cajón que no me canso de nombrar, y anunciando la publicación también de nuevas palabras. Poco a poco llegarían unos, los antiguos; y otras, las nuevas. Me propuse ser metódica, y no lo conseguí, tal vez arrastrada por la incertidumbre que generaba el comienzo (¿alguien leerá algo de esto algún día?)... Después vendría esa llamada que me devolvió de nuevo a mis sueños, ésa que me anunciaba que la novela que había escrito había ganado el V Certamen de novela López Torrijos: Siete puentes sobre el Sena comenzaba a ser una realidad y, sobre todo, me inyectó la fuerza que necesitaba para seguir jugando con las palabras. Volví a proponerme cierta organización que, de nuevo, debido a diversos imprevistos ajenos a este mundo virtual, no llegaría a materializarse. Aunque seguía escribiendo. Ahora, tras rediseñar la imagen de este microcosmos y, con cierta calma, he vuelto a imponerme unos mínimos que, por el momento, cumplo. Más adelante, quién sabe... (eso lo dejaremos para el análisis del segundo aniversario).

Al margen de mis idas y venidas, me quedo con la seguridad reestablecida; con la confianza en las palabras de cualquier tipo; con una escritura nueva, sencilla; con la antigua escritura que de vez en cuando retomo, algo más simbólica; me quedo con el placer de sorprendeme; con cada uno de los textos que durante este año he dejado aquí, mejores y peores, pero escritos al fin y al cabo; y, sobre todo, me quedo con la lectura, con los paseos literarios por otros blogs y las personas que se esconden tras ellos.

Crédito de la imagen
Y, cómo no, aprovecho esta entrada para agradecer a todos 
los que algún día, durante este año, pasaron por mi pequeño microcosmos:
a aquellos que dejaron su huella y a los que lo hicieron en silencio.

Y a los que todavía no han llegado, sean siempre bienvenidos.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Cry me a river

La banda sonora de "Siete puentes sobre el Sena" V

A veces el tiempo parece arrollarnos y otras, en cambio, parece no existir. La semana pasada fue una de ésas en las que todo se detiene. Así que, arrastrada tal vez en exceso por la connotación de las palabras, en lugar de terminar la semana con música, preferí esperar y dedicar la melodía a comenzar una nueva...

Buceando entre las canciones candidatas a formar parte de la banda sonora de Siete puentes sobre el Sena, rescato hoy ésta que alguien me propuso no hace mucho: Cry me a river. Al escucharla puedo visualizar los momentos novelísticos que ambientaría, y me parece perfecta.

En este caso, lo complicado habría sido decidir cuál de las muchas versiones incluiríamos aquí. Las hay para todos los gustos: desde el jazz de Ella Fitzgerald hasta los acordes rockeros de Aerosmith, pasando incluso por la versatilidad de Björk. Pero, de entre todas, he decidido quedarme con la primera de todas ellas: con la sensualidad de Julie London.

Crédito de la imagen

Sin más, Cry me a river, de Julie London.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Praxinoscopio

Praxinoscopio

Las instrucciones eran precisas: si en algún momento se detenía, él y su caballo morirían. Cabalgó y cabalgó durante mucho tiempo, sin atreverse a mirar hacia atrás, convencido de que en algún momento llegaría a su destino. Poco a poco, el caballo fue perdiendo su ímpetu y el jinete su determinación: el paisaje que se abría paso ante ellos era siempre el mismo, cada lugar que atravesaban era un lugar ya conocido. Un buen día, embargado de desánimo y frustración, permitió a sus ojos mirar hacia un lado y vio su propia imagen en un espejo. Comprendió entonces que él era sólo una de las piezas que componían su vida, un momento concreto de su existencia. En ese mundo cíclico, su pasado y su futuro se situaban a ambos lados de su imagen estática. Supo que su gesto no variaría aunque detuviese a su caballo y que no podía morir, porque las imágenes que lo flanqueaban lo necesitaban para vivir. Desde ese momento, despojado ya de la exigencia, el camino se convirtió en algo que disfrutar por sí mismo. Lo de menos, era llegar algún día a algún lugar.


Crédito de la imagen

Hace unos días tuve la oportunidad de visitar la exposición sobre Georges Méliès, La magia del cine, en Madrid. Hoy, en el mundo digitalizado en el que nos movemos, puede resultar sencillo arrancarse la cabeza y componer con ella una partitura (Le Mélomane); o viajar a la Luna y clavar en ella un cohete... (Le Voyage dans la Lune) Sin embargo, a principios del siglo XX, cuando el cinematógrafo apenas contaba con cinco años de vida, las ilusiones de Méliès eran toda una proeza. Siempre me ha apasionado la vida y obra de Georges Méliès y, en general, toda la historia del cine. La narrativa fílmica me atrapa casi tanto como la literaria y es por ello que, tras salir de la exposición y todavía con las imágenes (estáticas y en movimiento) en la retina, pensé en escribir algo sobre uno de los aparatos del pre-cine que más me ha gustado siempre: el praxinoscopio.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Pronombres


Pronombres
Se dirigía hacia la puerta cuando escuchó su voz:
-Mientras sigamos siendo y yo, siempre podremos ser nosotros.
Le daban miedo sus ojos y decidió no mirarlos. 
La decisión estaba tomada.
Cerró la puerta con determinación al salir. 
Escuchó un golpe.
Él y ella, nunca más serían ellos.

Crédito de la imagen

¿Y vosotros...?

domingo, 10 de noviembre de 2013

Si tu vois ma mère

La banda sonora de "Siete puentes sobre el Sena" IV

Como viene siendo habitual, este fin de semana nos dejamos llevar de nuevo por la música con la excusa de conformar la que será la banda sonora de Siete puentes sobre el Sena.


Si tu vois ma mère, de Sidney Bechet, es la canción elegida. Sí, seguimos en París, tal vez paseando por la calle que la capital francesa le dedicó a su autor, Rue Bechet, en la esquina con Rue Armstrong. O tal vez no necesitamos ir hasta allí, porque sin movernos de casa visualizamos las imágenes del inicio de Midnight in Paris, de Woody Allen. De cualquier forma, para mí el tema sería el marco perfecto para un momento muy preciso de la novela. Pero como ya dije, en algunos casos dependerá de la lectura y la ambientación que cada cual decida crear...

Sin más, Sidney Bechet, acompañado por Claude Luter.


* Otras canciones de esta particular banda sonora aquí, aquí y aquí.

martes, 5 de noviembre de 2013

Palabras liberadas

Opuestos
 
Porque es y era nunca pueden ser lo mismo. 
Porque no podemos confundir hoy con ayer,
aunque el ayer dibuje nuestro mañana. 
Porque las palabras claras se vuelven oscuras,
aunque la nostalgia no tenga cabida en ellas
y desterradas hayan sido sus aliadas.
(Porque las escribo sabiendo bien lo que son, 
pero no las reconozco al leerlas).
Porque se hace difícil dejar atrás
y, delante, sólo vemos brumas.
Porque encerrado siempre estuvo nuestro cuerpo,
pero nunca nuestro ser...

Crédito de la imagen
 ... porque perdimos las alas, 
pero seguimos queriendo volar.

A veces juego a liberar palabras. Viene a ser algo así como un ejercicio de escritura automática; como dejar escapar un puñado de palabras que ya no encuentran su sitio. Y a veces después no sé qué hacer con ellas. No son más que letras sueltas que no saben dónde ubicarse, tampoco cuando por fin son libres. No sabría cómo etiquetarlas, así que son, simplemente, palabras liberadas que, ante la imposibilidad de hallarse, aquí quedan.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Riders on the storm

La banda sonora de "Siete puente sobre el Sena" III

Vamos con una nueva entrega de las canciones que compondrán la banda sonora de Siete puentes sobre el Sena. En esta ocasión, dejaremos a un lado la música francesa para adentrarnos en el rock de The Doors. Sin embargo, no nos marcharemos de París: junto a Óscar Wilde, Balzac, Gertrude Stein y Edith Piaf, en el cementerio de Pére Lachaise, se encuentra la tumba de Jim Morrison, un lugar de peregrinación continua envuelto en graffittis y ofrendas de lo más diverso.

Crédito de la imagen

Riders on the storm, el tema elegido, aparece en el álbum L.A. Woman, de 1971. En él, la voz de Jim Morrison suena ya más desgarrada y profunda que en sus primeros trabajos. Con ella pone el broche final a una canción concebida en principio para ser un tema instrumental y que, con su letra, vuelve a sumergirnos en el ritmo amenazante que caracterizaba The Doors o Strange Days, ambos de 1967.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Halloblogween 2013


El cementerio
 
En apenas dos días el cementerio del pueblo se había quedado pequeño. No había sitio para tanto muerto. Antes de que el último hubiese sido sepultado, había otro esperando su turno en la puerta. La gente comenzó a morir de repente. Teobaldo, el médico, no sabía qué hacer para poner remedio a la enfermedad: no había síntomas; la gente, simplemente, moría. Tuvieron que aprobar de urgencia la cesión de los terrenos colindantes al cementerio para seguir enterrando a los que se iban. Pero también éstos resultaron insuficientes. Las familias comenzaron entonces a traspasar sus propias tierras y, más tarde, las casas que quedaban deshabitadas.

Con el tiempo, apenas quedaron un par de vecinos. La idea de ser el último en morir y que ya no hubiese nadie que pudiese enterrarlo, preocupaba a ambos por igual. Prepararon con esmero sus propias casas: tapiaron ventanas y puertas, colocaron una inscripción con sus nombres y se encerraron dentro a esperar la muerte.

Pasaron los años y el cementerio de muertos que había invadido el pueblo de vivos se convirtió en una gran atracción. Visitantes de cualquier lugar transitaban por sus calles vacías, se tomaban fotografías junto a las casas y encendían velas en improvisados altares. De todas ellas, las casas mausoleo de los dos últimos vecinos eran las más fotografiadas. El primero de ellos, en su lápida, había escrito: “Espero la muerte encerrado”. El segundo: “Yo ya estoy muerto”.

Nunca nadie supo qué había sido de esos dos hombres. Había incluso quien afirmaba que aún aguardaban su turno en la oscuridad de sus casas. Los más atrevidos, llamaban a sus puertas. Algunos, creían oír sonidos en su interior.

Crédito de la imagen


Navegando por blogs amigos me topé con esta curiosa y aterradora iniciativa puesta en marcha por Teresa Cameselle, Halloblogween 2013: escribir microhistorias que tuviesen como tema central la muerte. Una interesante propuesta...

Más información aquí

*** Opacidad, encajaría también en la temática.