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lunes, 23 de septiembre de 2013

La dificultad del poeta

No importa el nombre que le demos. Podría llamarse Teresa, Leonor o Zenobia. Podría ser alma y ser poesía. Podría ser vida y ser muerte. Podría ser todo. Podría ser nada. 

La dificultad el poeta no la halla en nombrar al mundo, en buscar palabras que decoren sus versos. Las palabras, por lo general, son las que hallan al poeta. La dificultad se encuentra en la desnudez de la creación. En abrir su alma, despojarla de su mismo ser y mostrarla al resto que, incrédulo, puede no ver en tremenda acción más que injustificada temeridad. Tal vez por ello sea dichoso el árbol que es apenas sensitivo, y más la piedra dura, porque ésa ya no siente (1). No sentimos los lectores aquello que el poeta describe, no llegamos a saber qué se esconde tras sus versos, aunque nos abra el alma entera y caiga preso. Yo nunca pude entrarme en tu alma (2), repetirá incansable. Uno entrega el alma. Otro se hace con ella. Alma a quien todo dios prisión ha sido... (3) Pierde así su libertad y no existe otra ya que la libertad de estar preso en alguien (4).

Comenzará el poeta entonces a añorar los besos. Pedirá besos sin cuento (5), besos que atan las bocas en una maraña de venas recientes (6) y terminará clamando al cielo que vuestros besos son mentira, mentira vuestra ternura (7). Y quedarán entre las azucenas olvidados (8). Lamentará siempre que escrito esté en su alma vuestro gesto (9), porque su alma seguirá ya sin ropajes, entre las duras piedras cerradas de la noche (10).

Terminará el poeta entonces triste y solo, y hallará consuelo en sus palabras, olvidadas ya. Por siempre desnudas. Se irá. Y se quedarán los pájaros cantando (11). Allá a lo lejos, donde habite el olvido (12). Porque, donde habite el olvido, allí estará su tumba (13).

Y ya nada importará. Ni el alma. Ni el mundo. Ni el verso.

Y no importará porque siempre nos quedará el consuelo de que no sea verdad tanta belleza (14).

Crédito de la imagen
(1) Rubén Darío: "Lo fatal"
(2) Pedro Salinas: "El alma tenías"
(3) Francisco de Quevedo: "Amor constante más allá de la muerte"
(4) Luis Cernuda: "Si el hombre pudiera decir"
(5) Cristóbal de Castillejo: "Dame, amor, besos sin cuento"
(6) Federico García Lorca: "Ciudad sin sueño"
(7) José de Espronceda: "A Jarifa en una orgía"
(8) San Juan de la Cruz: "Noche oscura del alma"
(9) Garcilaso de la Vega: "Soneto V"
(10) Vicente Aleixandre: "Se querían"
(11) Juan Ramón Jiménez: "El viaje definitivo"
(12) Luis Cernuda: "Donde habite el olvido"
(13) Gustavo Adolfo Bécquer: "Rima LXVI"
(14) Bartolomé Leonardo de Argensola: "A una mujer que se afeitaba (maquillaba) y estaba hermosa"

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